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Synopsis

No es habitual, pero tampoco inaudito, que en el mundo del cine, muy propenso a la clasificación por géneros, se presente el caso de películas difícilmente clasificacables. Este es el caso de Rebobine por favor. ¿Qué es esta película? ¿Una comedia despreocupada, una buddy movie, una película fantástica o quizá una película de ese nivel metareferencial que se ha venido en llamar “cine dentro del cine”? Pues es todo a la vez, me temo. Un curioso homenaje al cine que Gondry manufactura con habilidad y que si tiene algún pecado es caminar en un limbo que no acaba de ser cine independiente ni alcanza a ser el cine comercial que el tono inicial de la película sugiere. La película en sí desbarra por momentos acercándose de un modo extraño a ser ella misma una “suecada” –en lo que no cabe duda colabora el excesivo Jack Black- mientras que en otros momentos roza la perfección ya en su aspecto cómico, ya en la crítica furibunda al rígido y despótico sistema con que los derechos de autor llegan (o pueden llegar) a asfixiar la libertad creativa y la gratuidad que al arte se le supone. El debate subyacente pues, es el cine como industria comercial o como arte, una dicotomía clásica de la que no nos es posible librarnos en tanto los canales de producción y distribución se parezcan, siuiera levemente, a los presentes hoy y desde el comienzo de la industria. Mientras tanto, yo me dedicaré a gozar de todo cameo que haga Sigourney Weaver, diosa del cine para todos los que amamos la saga de Alien.

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